Esta es la perfecta posición para no usar nunca jamás ese despacho. Cuando te sientas con las espaldas desprotegidas, ofreciendo tu nuca a cualquier Samurái que quiera rebanarla con su Katana, aunque sepas que eso no va a pasar, el reptiliano de tu cerebro está alerta, generando cortisol a tope e impidiendo que centres la atención en la tarea. Ahora que todos trabajamos en casa y que tener un despacho sacado de cualquier rincón es una imperiosa necesidad, cuidar que tengas la espalda protegida te ayuda a concentrarte a pesar de tener a toda la familia en casa.
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