Las cocinas representan a la mujer en las casas. No es de extrañar que ahora las cocinas son el centro neurálgico de la casa, dónde se “cuece” todo. Ahora las cocinas son tan bonitas como los salones, están abiertas, son espacios acogedores, llenos de luz, dónde al cocinar estás en todo el meollo y dónde se hace la vida. Y eso tiene toda la lógica, porque la mujer en pleno siglo XXI está dónde tiene que estar. Empoderada y en el centro. Ya nadie concibe una vida con una cocina al final del pasillo, asomada al patio interior y lejos. Eso ha muerto.
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